La vida es… simplemente vida.
Si todo fuese rosa seriamos absolutamente aburridos.
Cuando algo no sale como lo planeamos, acumulamos deudas, perdemos un trabajo, los clientes no pagan o una tormenta tropical se niega a ser eso, tropical, y de pronto nos pega en plena zona árida, inundando casas y arrastrando autos.
Duele y no podemos evitarlo pero el cómo reaccionamos ante ese dolor está completamente bajo nuestro ámbito de influencia. ¿Sufrir? El sufrimiento es una elección.
No hay nada que alguien pueda hacer para aliviar el sufrimiento de alguien más hasta que ese alguien decide por sí mismo dejar de sufrir.
En el tratamiento de adicciones se le conoce como “tocar fondo” y ocurre cuando la persona decide que no quiere seguir sufriendo y que nadie más puede hacer algo sino él o ella misma.
Saber esto nos ayuda para darnos cuenta de lo maravilloso que puede ser aprender a manejar nuestras emociones. Porque el sufrimiento es el mejor estado para la no-acción.
El sufrimiento nos cicla y nos impide pensar en fomas de aliviar el dolor. ¿Recuerdas aquella vez que decidiste salir del auto-apapuchado y tiraste el último pañuelo desechable a la basura? Seguramente más de una solución al problema vino a tu mente.
¿Y los demás? ¡Uff! Parecería que están dispuestos a pagar boleto para vernos sufrir:
“¿Tienes problemas? ¡SEGURO te sientes muuuuuy mal!”
Y si hasta entonces no estabas sufriendo entonces algo debe estar mal contigo y ya con eso en la mente nos damos permiso para ir llorando por las banquetas… El mejor antídoto es provocar abstinencia en aquellos adictos al dolor ajeno. -
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